
Londres 2003
La principal herramienta de la propaganda son las palabras. Las palabras utilizadas con fines propagandísticos son engañosas. Disfrazan intenciones, evocan sentimientos, desvían la atención y velan su verdadera intención y significado.
El trabajo sobre la propaganda refleja el proceso de manipulación informativa. En los medios de comunicación la información se manipula mediante técnicas como la tergiversación, el énfasis desplazado, la saturación de datos, la omisión, la expresión equívoca o ambigua, la censura, la información incompleta o fuera de contexto, la asociación de conceptos arbitraria, entre otros.
Visualmente esto se puede traducir mediante textos incompletos, solapados, borrados, raspados o cubiertos.
La propaganda en sociedades democráticas
El punto de partida fue el documental de la BBC titulado “The Century of the self” (el siglo del yo). En él se mostraba cómo las teorías de Freud sobre el subconsciente y los deseos irracionales, adaptadas por su sobrino Edward Bernays, fueron utilizadas por el gobierno de los EEUU, las grandes empresas y la CIA para desarrollar técnicas para manipular y controlar las mentes del pueblo americano. Bernays opinaba que los humanos somos incapaces de gobernarnos a nosotros mismos y por ello hay que alejarnos de la política, ya que por nuestra naturaleza irracional sólo somos capaces de generar horrores como el nazismo. Decidió que el mejor modo de diluir el interés por lo político en las personas era desviando nuestras obsesiones hacia el consumo. Sus técnicas para conseguirlo originaron el concepto de relaciones públicas, la publicidad y han ayudado a desarrollar la sociedad de consumo en la que nos hallamos inmersos.
El éxito de las tácticas publicitarias que desarrolló para el mundo empresarial, hizo que el gobierno de los EEUU y la CIA se fijasen en él. Decidieron que podían adaptar las mismas estrategias con el fin de convencer a la opinión pública estadounidense de la necesidad ineludible de atacar a países democráticos sin apenas ejército (Nicaragua), o imponer dictadores en varios países cuyos gobiernos les resultaban incómodos a sus grandes multinacionales (Chile, Guatemala, Argentina, etc.), convenciéndola de que su gobierno realizaba estas acciones en defensa propia, en interés de la humanidad, o simplemente desinformando o desviando la atención hacia otros asuntos en los medios nacionales.
Hoy en día los gobiernos siguen utilizando técnicas derivadas de las que desarrolló Bernays para sus campañas electorales. Así el votante se ha convertido en un consumidor potencial de un partido cuyo programa se adapta a las exigencias del mercado. Y al igual que con los productos propiamente dichos, se le convence de que elige libremente por una necesidad genuina.
Estas estrategias fueron aplicadas a la política con gran éxito por los demócratas en EEUU, que arrasaron con Bill Clinton y se exportó, también con éxito, al nuevo laborismo de Tony Blair en el Reino Unido.
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