grafeo

tú, fascista
(o la santa trinidad de la manipulación)

Londres 2003

Tú, fascista (o la santa trinidad de la manipulación) explora y expresa las contradicciones inherentes a los mecanismos tras el éxito de la propaganda en las sociedades democráticas.

Blanco inmaculado, representa lo espiritual, limpio, perfecto, lo elevado dios (ideales e ilusiones)
La excusa. Ideales como la pureza, el honor, la perfección. Ilusiones como nación, raza o proletariado. Es blanco inmaculado envuelto en su mortaja de perfección, ya que los ideales, al no existir, se asemejan a la muerte.
Texto, texto, texto, texto, texto, lo que nos forma, el medio espíritu (el medio y el mensaje)
El método. Palabras en libros, prensa, rezos, escuelas. Palabras que nos preparan para rendir en el sistema, palabras que no entendemos pero repetimos, palabras que ocultan sus verdaderas intenciones. Están escritas con la mano izquierda, que simboliza lo irracional, el subconsciente manipulado.
Lo que se supone que debemos reprimir y de lo que debemos renegar, lo bajo la virgen (sexo asexuado)
Lo reprimido. Simboliza nuestra naturaleza animal y sexual. Al ser un impulso primario tan fuerte incluso reprimido se escapa del lienzo. Siglos de oscurantismo han acabado reliando estos instintos, cuando en realidad se trata de algo tan natural y esencial que sin ello ni siquiera existiríamos. Es interesante constatar que este lienzo en particular parece despertar sensaciones encontradas e incluso provocar desagrado en los que lo observan.

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¿Cómo es posible manipular a la opinión pública en sociedades democráticas con medios de comunicación supuestamente libres?
Según Chomsky, es posible porque los medios de comunicación de masas son instituciones ideológicas que por principio apoyan al sistema que los sustenta. Cumplen su función de herramientas propagandísticas apoyándose en la ley del mercado, nuestros supuestos interiorizados y la auto censura de sus trabajadores.

Con todo, cuando se observa la disponibilidad de la información en nuestra sociedad, a pesar de la manipulación informativa, se hace patente que la mayoría de la población sabe que está siendo manipulada, en mayor o menor medida, por sus respectivos gobiernos. Aún sabiéndolo cerramos los ojos y nos dejamos manipular. En el fondo parecemos estar de acuerdo con algo que nos perjudica. Lo cual induce a pensar que tiene que existir algún problema psicológico de masas que explique un comportamiento tan contradictorio.

Según Reich, en la psique actual conviven dos elementos contradictorios que avivan este conflicto interior: por un lado la situación de injusticia social, que inspira actitudes revolucionarias, y por otro siglos de tradiciones diseñadas para encarrilarnos y educarnos en el miedo a la libertad y al cambio. Los sistemas propagandísticos utilizan este conflicto en su beneficio, adaptando su mensaje a nuestros miedos y deseos subconscientes de un modo subliminal para conseguir sus objetivos.

Nuestro miedo al cambio y nuestro pobre sentido crítico no es natural en el ser humano, es consecuencia del patriarcado autoritario y la civilización mecanicista. Así, la principal herramienta en la producción de sujetos asustados y adaptados al sistema es la supresión de la sexualidad, sobre todo en mujeres, niños y adolescentes. La inhibición de un impluso vital tan imprescindible merma nuestra capacidad para pensar e inhibe nuestro sentido crítico. Crecemos dóciles y temerosos de la autoridad.

Por esto todas las ideologías, artes, ciencias y religiones rechazan nuestra naturaleza animal y sexual. Este rechazo se disfraza de ideales como la pureza racial, el honor de clase, la naturaleza ética del hombre o nuestros valores superiores. La iglesia dice que es por nuestra salvación en el jucio final y los freudianos que ocurre en interés de la cultura. Lo cierto es que esta supresión adapta a las personas a los fines de todas estas instituciones: la dominación de la mayoría por unos pocos. También es responsable de la contradicción entre nuestros valores ideales y nuestro comportamiento real. En nuestra sociedad, ser libre y sexual se asocia a sentimientos de miedo y culpa. Este miedo a la libertad es aprovechado por políticos, ideólogos, religiones y grandes empresas. También es responsable del surgimiento del fascismo. El fascismo en estado puro es el ejemplo perfecto de la contradicción entre lo mecanicista y lo natural, es una combinación entre emociones rebeldes e ideas sociales reaccionarias. Todos tenemos trazas de fascismo en nuestra personalidad.

La propaganda también basa su éxito en el hecho de que no queremos que se nos recuerde nuestra responsabilidad social. No existen individuos apolíticos. La marcha de la humanidad la decidimos entre todos. En parte por nuestra apatía, en parte por nuestra pasividad y en parte activamente, somos responsables de lo que ocurre en el mundo.

En resumen, la propaganda basa su éxito en nuestro temor a lo natural y espontáneo en nosotros mismos, en nuestra falta de responsabilidad social y nuestra miseria sexual. En ‘Tú, fascista (o la santa trinidad de la manipulación)’, se mezclan todos estos elementos. La trinidad la componen las excusas (dioses, ideales de perfección, belleza, pureza racial, patrias y naciones por las que luchar), el método (la formación de un subconsciente sumiso mediante la educación, la publicidad y los medios de comunicación de masas), y lo que se reprime (los instintos animales, el sexual principalmente).

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